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Documento de baja en el libro genealógico

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NEOLÍTICO, HOMBRES Y LOBOS

"E l frío viento del norte hace presa en el fuerte y semidesnudo cuerpo del Homo Sapiens. Lleva varias horas de aquel gélido y gris amanecer persiguiendo y acosando a un pequeño grupo de rumiantes. Otros humanoides, en grupos o por separado, están haciendo lo mismo. Tratan de, mediante un estudiado y salvaje acoso, acorralar y apresar al pequeño grupo de animales. Asi, de esta manera, y en el caso de tener éxito, verán aumentado el número de ejemplares en sus pequeños rebaños estantes, próximos a sus primitivas chozas.

     Desde hace ya muchos años, el hombre ha iniciado una conquista extraordinaria. En la búsqueda de su sitio en la pirámide evolutiva, junto con un innato inconformista para mejorar su vida, su pequeño primitivo cerebro, en constante desarrollo, ha empezado a ser utilizado, cada vez de manera más efectiva, como una "herramienta" de avance práctico e inteligente. Ya no necesita quemar sus escasas colorías en constantes y arriesgadas jornadas de caza para lograr un frugal sustento. Ha comprendido, ha podido pensar y analizar ciertas prioridades de su primitiva existencia. Bajo esa rústica y salvaje compresión, está experimentando la satisfacción de una nueva forma de vida: se está convirtiendo en ganadero y agricultor. Se está haciendo sedentario.

     Los pequeños grupos de persiguidores van cercando a los ungulados y van cerrando el círculo. Uno de éstos ejecuta su parte saltando y corriendo sobre una zona rocosa; pequeñas cuevas y grutas naturales, salpican aquella zona. Es al pasar cercano a una de ellas, cuando se detiene sorprendido, ante un leve gemido que sale del interior. Espera unos instantes. Escudriña la oscuridadde la cueva: trata de averiguar el origen del sonido, poniendo en juego todos sus agudos sentidos: ver, oír, sentir... De manera instantánea percibe un fuerte olor que sobradamente reconoce de manera automátical. Llevan siglos juntos, compartiendo espacio y tiempo. El cánido grande y temido, el gran depredador: el admirado lobo. Es su guarida la que acaba de descubrir. El gemido vuelve a repetirse y el primitivo cazador lo escucha retumbando desde la profunda e impenetrable oscuridad de la cueva. Desafiando a las señales que su cerebro emite sobre la precaución que la situación exige,, se aproxima a la entrada. Entra con cautela en la pequeña cueva, sobreponiéndose y venciendo el ancestral miedo que le produce un nuevo encuentro con su viejo conocido. Al fondo, en la oscuridad y entre un manto de hojarasca, hay una pequeña y negra bola de pelo que se remueve y gime desvalida, y que apenas puede distinguirse, salvo por el movimiento, de la espesa negrura que la rodea. Está solo, desprotegido. La madre, la gran loba, en plena y frebil actividad, guiada por su instinto de protección está realizando el traslado de la camada a una zona más alta y protegida. Lleva en esto desde el amanecer. Su desarrollado olfato detectó la proximidad del grupo de humanos, alertándola instintivamente sobre la conveniencia y la necesidad de la medida de seguridad. El hombre duda... no sabe qué hacer. En su mente primitiva visualiza lo que su lógica de supervivencia le dicta: salir corriendo, huir, acabar con esa pequeña vida que algún día se convertirá en el gran depredador, el gran lobo con el que tendrá que competir para alimentarse. Nunca antes, estos dos antagónicos seres estuvieron tan próximos. Han compartido y comparten carroñas y cazas. En miles de años, compartieron el mismo espacio trófico, pero nunca estuvieron anímicamente tan cerca.

     Sin embargo desafiando los más básicos instintos nuestro hombre duda. Algo en su cerebro le impone dudar. Algo que le surge de las oscuras e insondables profundidades de su ser le hace dudar, le ordena dudar. Un conflicto interno entre sentimientos e instinto pugna en su interior, tratando de hacer comprender un sentimiento nuevo con tanta fuerza que sea capaz de doblegar al que hasta ahora habia sido el incuestionable rector de su conducta: su instinto. Este preciso momento, es uno de los tantos que tendrá que enfrentar en su superior evolución, en el que el hombre comienza a moldear en su interior sus instintos para hacerlos convivir pacíficamente con sus sentimientos. Dejándose ordenar por las nuevas órdenes que su cerebro le dicta, coge con cuidado aquel pequeño, tembloroso y desvalido ser, y le observa con curiosa y temida atención. Sus ojos no están abiertos aún, tendrá diez o doce días de vida. Nuevos sentimientos desiertan, afloran, se desarrollan, se imponen. Nunca antes había ocurrido. Introduce al pequeño ser en la bolsa de curtida piel de muflón que cuelga de uno de sus hombros y se apresta a continuar con su papel en el acoso al grupo de pequeños rumiantes.

     A su regreso al pequeño poblado, lo muestra con alboroto y nervíosismo a los suyos. Tras los primeros momentos de incomprensión y sorpresa y llenos de un nuevo sentimiento, jamás antes experimentado hacia el gran depredador y sus crías, hacen de aquella pequeña y desvalida vida, una de las suyas. Lo cuidan, lo alimentan con la leche de las nodrizas estantes y lo dejan crecer con admiración, temor y respeto.

     Posiblemente aquellos primitivos seres, en su prospecciones venatorias, se tropezaron muchas veces con las desvalidas crías del gran depredador. Las mas de ellas debieron servir como meras presas de caza, simples manjares, nada despreciables en un mundo hostil en el que imperaba el hambre por encima de todo. Las menos de aquellas veces, como la aquí narrada, el hombre, con su incipiente inteligencia, intuyó la posible utilidad del cánido, como ayuda para su ya consolidado avance evolutivo: la cría y el manejo de rebaños, que hacían más llevadera y práctica su dura existencia.

     Aquella fue sin duda, la conquista más hermosa jamás hecha por el hombre.

     El hombre del neolítico dotado ya de inteligencia se hace sedentario. Una de las primeras e inequívocas manifestaciones de esta inteligencia en su vertiente práctica y utilitarea es la decisión de domesticar a los animales salvajes más próximos de su entorno, entre ellos al lobo: el gran cánido salvaje.

     Milenios más tarde, la diversidad de fenotipos, así como los grandes avances en el entendimiento y compresión de la genética, convertirán al temible y primitivo cánido salvaje, al gran depredador, en un diminuto y simpático perro de compañia o en uno grande, rústico, funcional y bello mastín, cuidador y guardián de los rebaños, bienes y haciendas del hombre. El ser humano. Aquel que exterioriza un nuevo sentimiento, fruto de su incipiente inteligencia, le hizo suyo iniciando juntos un largo, dilatado y maravilloso camino que seguimos disfrutando y compartiendo en la actualidad.

EL MASTÍN ESPAÑOL

"El sol se oculta pronto. Los días son ya muy cortos. El cierzo sopla con fuerza, muy frío, desde el norte. Las cumbres rocosas, las altas agujas de la roca, muestran un hermoso manto blanco, el primero de este frío invierno. En las aldeas cercanas de media montaña, también en las del valle, destacan las columnas humeantes de los hogares, que llaman a recogimiento al arrimo de la lumbre.

     El pastor se da prisa en encerrar al rebaño en la alta majada. En los próximos días tendrá que bajarlo a zonas de mayor abrigo. Los mastines, un grupo de cuatro grandes y fuertes perros, se preparan para hacer frente a la fría noche. Una hembra y dos jóvenes machos, se distribuyen "arropando" al rebaño. El cuarto, uno grande y viejo macho, se coloca estratégicamente en su acostumbrado oteadero, una zona de rocas, por encima de la majada. Desde este elevado enclave divisa todo el rebaño y puede percibir todos los movimientos que hay entorno al mismo.

     Desde este oteadero, el gran guardián, el Mastín líder, se siente tranquilo, puede pasar la noche cumpliendo con su antigua y milenaria razón de ser: la guarda y custodia de los rebaños y bienes del hombre".

     Las primeras referencias sobre el Mastín, nos han sido legadas a través de autores romanos tales como Aguleyo, Columela o Virgilio. Estos historiadores destacan en algunos de sus escritos el valor, fortaleza, poderío físico y cáracter de los grandes Mastines ibéricos.

     La pureza racial en aquellos tiempos hay que desecharla, no existe. La idea de que el Mastín fue un regalo del cielo, no es razonable creíble. El Mastín, tal y como ha llegado a nuestros días, es fruto de una larga, larguísima selección por parte del hombre y el entorno ganadero.

     Esta milenaria selecciónse inicia posiblemente en el Neolítico, con la sedentarización del hombre primitivo contando con unas raíces genéticas tan antiguas y profundas que se pierden en la noche de los tiempos. Y que muy presumiblemente se remontan a los primeros cánidos salvajes domesticados por el hombre: el lobo, como la investigación actual lo va constatando con mayor seguridad.

     Sobre esta milenaria y discutida hipótesis, y comparando la extensa y prolífica documentación al respecto, se podría afirmar en base a los últimos estudios y hallazgos sobre este apasionante tema según datos científicamente contrastados, que el antecesor del perro podría ser el Canis Lupus Pallipes, un lobo con aspecto chacaloide, habitual merodeador de los medios antropógenos originarios de la zona geográfica de donde parten los ancestos culturales del hombre.

HOMBRES REBAÑOS Y MASTINES

Tras la aparición del Homo Sapiens sobre la Tierra, presumiblemente en África, y tras una etapa inicial como cazador nómoda, el hombre se hace sedentario. Domestica al lobo, se aprovecha de su cercanía milenaria y le hace suyo. El perro aparece como consecuencia de una evolución desde aquellas prehistóricas formas de vida en base a la intervención del hombre que lo selecciona y lo modela en base a sus necesidades. Busca un buen tamaño, un carácter definido y unas muy necesarias cualidades físicas y psíquicas. Sus rebaños, como parte de su nueva forma de vida, necesitan de la ayuda y colaboración de este formidable animal. El hombre prehistórico y sus rebaños paradójicamente con su recién estrenado sedentarismo, están en continuo desplazamiento y expansión: por el Este en el interior de Asia, por el Oeste penetra en Europa.

     Según algunos historiadores y estudios realizados al respecto, no es el Mastín Tibetano el precursor de todos los Mastines, sino el perro originario proveniente del lobo el que parece ser el verdadero antecesor de estos grandes perros, siempre según los trabajos especializados sobre esta cuestión. Es fácilmente creíble que así sea. Miles de años de laboriosa selección en busca de la funcionaidad necesaria para el hombre han permitido que, partiendo del gran cánido salvaje, el gran animal, posiblemente el antepasado, entre otros, del Mastín del Tibet y de nuestro Mastín Español.

RAICES IBÉRICAS DEL MASTÍN

Según estudios realizados, se tiene constancia de que en la Península Ibérica la ganadería tiene una antigüedad de aproximadamente 4.000 años.

     España por aquel entonces, es una tierra poblada por enormes bosques, hábitat ideal de los grandes depredadores: linces, zorros, osos y lobos. Los pastores de entonces se ven necesitados de unos perros, los suficientemente fuertes y valientes, como para que puedan ayudarse en el cuidado y guarda de sus rebaños.

     Seleccionan, crían y eligen los ejemplares más acordes para esta ardua y dura labor. Es así como aquellos grandes perros traídos de Asia, hace 4.000 años, forman la base genética de este excepcional perro que llamamos Mastín, nuestro Mastín Español.

     El Mastín es probablemente la raza española con más antiguas raíces, tanto como los genes que perduran en nosotros, procedentes de los primeros pobladores de la Península Ibérica.

     Las especiales condiciones ecológicas y ganaderas en nuestro país, obligan a realizar movimientos semestrales trashumantes.

     Es en la trashumancia, en ese periódo, constante y obligado ir y venir del hombre y de sus rebaños por casi toda la península, donde el gran perro termina de "hacerse" y se configura el Mastín como el gran perro trashumanteque ha llegado a ser. El ganadero y sus rebaños, se sienten protegidos y ayudados por él. Este incasable can no escatima esfuerzos: siempre al lado del pastor, siempre vigilante del entorno, siempre protector del rebaño y en constante pugna con el lobo y demás depredadores.

     El medio configurará el tipo de nómada de pastoreo y a su vez la trashumancia. Los depredadores configuran la esencia misma del perro ganadero de guarda, del Mastín Español. Todos estos factores están ligados entre si. Se depende tanto de este periódo trashumar, de este movimiento nómada, que llegó a ser imprescindible en la economía de la España de entonces. Posteriormente, siglos después, y por parte de la clase media, alta, en aquellos tiempos, se crea la compleja organización de la Mesta.

     Se afirma históricamente, que fue esta época dorada de la raza, la de mayor esplendor y gloria del Mastín, la coincidente con la época de mayor esplendor de la Mesta. Esta organización fue algo único en el mundo. Mediante normas propias, recoge, institucionaliza y protege al nomadismo ibérico. El obligado, funcional y bello Mastín, imprescindible para aquel tipo de ganadería, es el gran protagonista de esta época junto con la oveja y su lana. Hasta el punto tiene importancia el papel del Mastín que se legisla y desarrollan reales decretos, todos ellos encaminados a su cría, desarrollo y protección. Se dan muchas prebendas y también severos castigos a quien no las cumple. Ël es el gran guardián de aquellos grandes y trashumantes rebaños, ya que con toda seguridad, él es el único capaz de hacer frente a los muchos depredadores con un mínimo de posibilidades de éxito.

FUNCIONALIDAD DEL MASTÍN ESPAÑOL

Para comprender plenamente su razón de ser y sus innatas características psicológicas, hay que entender su funcionalidad a través del complejo entorno en el que se desenvuelve.

     La ganadería trashumante y la enorme competencia de la misma, los depredadores, sobre todo uno en particular  (el lobo), genera una lógica y necesaria prioridad: un perro grande, fuerte, con casta y demostrada entrega a su cometido, que nunca se aparte del rebaño, que lo cuide y que lo proteja. Recordando a Díaz Navarro: "se necesitaba un perro potente, con músculo, potente de espiritu, leal, territorial y posesivo".

     Mediante la selección se fueron consiguiendo estos prioritarios objetivos: tamaño, potencia, agilidad funcional y carácter 100% ganadero. Otra vez Díaz Navarro: "inmensidad, flexibilidad y agilidad. Sabiendo llevar bien sus kilos, ha sobrevivido a nuestros días precisamente por estas cualidades. Es nuestro perro una mezcla de gladiador y andador. Luchar si fuere necesario y andar, andar, andar, siempre andar. No es lo suyo la carrera; si hay prisa: el trote. Lo normal es esperar mientras se pasta, esperar segundos, minutos, horas, días, semanas, meses, años, decadas, siglos".

     El lobo siempre intentará lo más fácil, depredar en el rebaño le puede resultar altamente peligroso. La especial función del Mastín es disuadirlo, evitar que entre al rebaño. El lo protege, él esta ahí y esto el lobo lo sabe.

     Con la "fijación" del perro a la oveja, el hombre consiguió su objetivo respecto a la psiquis funcional del Mastín: el siempre estará ahí, siempre guardará y defenderá al rebaño, siempre cerca. El lobo tratará con argucias y movimientos "inteligentemente" estudiados, que el perro se aleje del rebaño. El Mastín sabe que si el rebaño quedarse protegido, sería presa fácil para el lobo, no puede alejarse y dejarlo desprotegido. Aguantará las feroces embestidas, si las hubiere, luchará con mayor o menor éxito, pero defenderá a su rebaño, a su "patrimonio" viviente, lo defenderá hasta la muerte.

     La misión del Mastín no fue nunca la de perseguir al lobo para darle caza(para esto es preciso otro tipo de perro más veloz, son varias razas, lébreles por lo general, que pueden desarrollar con relativo éxito este cometido), sino únicamente defender al rebaño de sus ataques, para lo cual se seleccionó un tipo de perro ágil, trotador y potente en la pelea cuerpo a cuerpo, dotado de poderosas mandibulas para causar el mayor daño posible a su contricante una vez iniciado el lance, pero sin aptitudes para perseguirle a su huida, de tal forma que no se aleje del rebaño, ya que cuando los lobos atacan en grupo, es frecuente que mientras unos se retiran, otros se quedan a la espera para revelarse si los perros se alejasen en persecución de los primeros, dejando el rebaño totalmente a merced de los segundos.

     El Mastín es un perro ganadero de guarda y esa es y debe seguir siendo a su mayor virtud: guardar, proteger y arropar al rebaño, a la oveja. Es por esto que la naturaleza le dotó con su formidable fisico: envergadura suficiente para dominar el cuerpo a cuerpo, piel fuerte y desprendida que dificulte el fácil acceso a los puntos vitales, poderoso y fuerte cráneo acompañado de un vigoroso cuello capaz de sacudir letalmente a su adversario una vez realizadala mordida, fuerte y larga espalda que le permita girarse con fuerza y soltura para la realización de la presa, formidables, fuertes y nervudos aplomos que afianzan con seguridad y firmeza al suelo, su poderoso y pesado cuerpo.

 

EL MASTÍN EN LAS ÚLTIMAS DÉCADAS

Con la desaparición de la Mesta, la ganadería en la Península Ibérica inicia su declive, un declinar que llega hasta nuestros días. La trashumancia (todavía existente en algunos puntos del país en la actualidad), que otrora fuese la riqueza del país, pierde su razón de ser: la lana pierde su valor, la oveja deja de ser lo que fue durante siglos y el Mastín, siempre a su lado, la acompañará en este histórico declinar.

     Los grandes rebaños trashumantes y en éstos los cientos, los miles de Mastines que formaron su distinguida y exclusiva escolta, empiezan a ser una pesada carga. Su mantenimiento es costoso e inevitablemente se empieza a cuestionar su antes imprescindible necesidad. El gran perro, el gran Mastín, empieza a caer en el olvido. El, hasta hace pocos años antes, gran defendido y amparado por reales leyes y decretos, empieza a diluirse en el pasar de los tiempos. Su siempre estudiada y mimada selección genética, es descuidada, olvidada por sus dueños. Se inicia un lógico y normal bastardeo entre los ejemplares que deambulan por prácticamente todas las zonas ganaderas de la Península. En muchas ocasiones este "bastardeo" es natural, en otras es provocado por el hombre tratando de obtener un perro más acorde con las nuevas circunstancias, con las nuevas necesidades. Un animal más pequeño, más lígero, más fácil, mas polivalente. Buenos, buenisimos perros, utiles tambíen para la ganadería, para la caza, perros lígeros, de rehala, amastinados, con mucha aportación genética del Mastín, menos costosos en su tenencia y mantenimiento, pero no son Mastines Españoles.

     En el siglo XX las razas foráneas se ponen de moda en nuestro país, quien sabe si como un exponente más de una sociedad consumista, comercialy tan abierta hacia las influencias foráneas que se proyecta como incapaz de valorar lo propio en su justa proporción. Los perros están alcanzando una nueva dimensión a nivel mundial. Concretamente a partir de mediados de siglo pasado esta nueva forma de sentir socialmente al perro, se populariza en nuestro país. Las razas extranjeras nos invaden por todos lados, nos sentimos atraídos por esta nueva moda social y el perro entra en nuestras vidas bajo un nuevo concepto: animal de compañia.

     Es por este entonces, mediados de siglo, cuando la cinofilia oficial, empieza a tener conciencia en nuestras olvidadas e ignoradas razas autóctonas. Con la misma oficialidad que poco rigor se empieza a trabajar tímidamente en el asunto, estableciéndose algunos estándares sobre varias de estas razas de utilidad, entre ellas nuestro querido Mastín. El primer estándarse redactó en 1.946, a partir de las medidas biométricas tomadas sobre tres ejemplares de la provincia de Cuidad Real de pequeño tamaño, que en lo más mínimo eran representativos de nuestro gran Mastín. Esto produjo mucho desconcierto entre los verdaderos aficionados, sabedores de lo que era el verdadero Mastín. Para llevar a cabo este estándar se basan, sin ningún tipo de estudio ni rigor técnico, en algunos ejemplares cercanos y sólo tienen en cuenta la mayor población genética de los mismos.

     En la década de los cincuenta nuestro país se halla inmerso en pleno desarrollismo. Las cosas cambian a pasos agigantados y a mucho velocidad. La sociedad realiza cambios en su estilo de vida, merced a los adelantos que la inundan, sobre todo en el transporte y las comunicaciones: llega el automóvil. La gente recorre el país conociendo regiones y lugares que nunca antes había visto. Gracias a este nuevo medio de transporte, algunos aficionados al perro, la ganadería y su entorno natural, tienen la oportunidad de salir al campo, recorrer pueblos, montañas, puertos y valles... Descubren que aún quedan unos recónditos lugares dode el antiguo, el gran Mastín, el gran perro ganadero de guarda, sobrevive. Durante años han sido conservados por unos aficionados que sabiendo la innegable valía de estos ejemplares, han preservado la raza con el fin de que puedan seguir cumpliendo con su ancestral función: mantener a raya a los depredadores. Ocurre más o menos lo mismo con otras razas autóctonas de utilidad: Alanos, Sabuesos, perros de presa, de caza.

     Se inicia un movimiento por parte de algunos aficionados y defensores de nuestra queridas razas autóctonas, para tratar de concienciar a la cinofilia oficial y a todos los aficionados al perro, de que esta piel de toro, este país nuestro tiene una grande y maravillosa riqueza canina que forma parte de nuestro acervo cultural. Nuestras razas autóctonas son defendidas, recuperadas y dadas a conocer al mundo. Tras muchos años de arduo trabajo, se consigue dar a conocer esas estupendas razas autóctonas, todas ellas de utilidad, funcionales y bellas. Mujeres y hombres, grandes aficionados, que recorrieron gran parte del país realizando una dura, pero hermosa y romántica labor.

     El Mastín, nuestro querido Mastín, es una de estar razas recuperadas. Durante décadas, muchas décadas, aquel primitivo, grande y poderoso animal, aquel gran perro ganadero de guarda, ha sido conservado en su esencia y razón de ser. Sólo tenemos que poner manos a la obra y trabajar mucho y duro para no perderlo definitivamente, para tratar de recuperarlo.

     En el año 1982 se crea el actual, estándar, que modifica sustancialmente el anterior. Se incorpora muchos grandes perros grandes perros de mayor envergadura y potencia, cuyos mejores representantes permanecían trabajando en el campo, desconocidos y sin documentación oficial. El Mastín de siempre, el gran Mastín, durante muchos años olvidado, vuelve a ser reconocido, vuelve a estar entre nosotros.

     En estos últimos años la raza esta conociendo un nuevo resurgir como raza de utilidad por su innegable predisposición al trabajo como perro ganadero de guarda. Su primitivismo, rustacidad y belleza natural, le han servido durante estos últimos años, para ocupar un lugar cada vez más próximo al hombre. Como perro de guarda y compañía es digno de ser disfrutado y sentido por todo aficionado al perro, siempre y cuando el aficionado pueda ofrecerle todo lo que este gran perro necesita: entorno natural, grandes espacios y cercanía animal. No olvidemos la impregnación ancestral que este gran perro lleva en sus genes desde que el hombre y sus rebaños deciden compartir su existencia.

     El lobo, su primitivo competidor, sigue existiendo y de hecho está resurgiendo de nuevo. En los últimos años su número ha ido aumentando y su presencia es cada vez más notoria. Es necesario ser conscientes de esta realidad, como no se les escapa a aquellas personas que viven y desarrollan su actividad en las zonas ganaderas como medio de vida. Las asociaciones ganaderas demandan la forma cada vez más urgente la necesidad de Mastines, grandes perros que puedan hacer frente a los depredadores, sobre todo al lobo. Los gobiernos regionales están colaborando en algunos casos, subvencionando la compra y tenenciade Mastines por parte de las asociaciones ganaderas. El Mastín vuelve a ser reclamado por el hombre y sus rebaños.

     En este moderno y trasgresor 2011 sigue aumentando el número de lobos y en determinadas zonas ganaderas, sobre todo, causa verdaderos estragos. Cada vez es más necesaria la presencia de estos grandes perros en nuestros campos, junto a nuestros rebaños, protegiéndolos y acompañándolos, cuidando nuestras fincas, majadas o simplemente guardando nuestra vivienda y a nosotros mismos.

     En los últimos años se detecta una gran preocupación por parte de algunos criadores y aficionados a la raza. Existe un peligro latente y siempre al acecho: la actual sociedad de consumo y los riesgos de la misma sobre nuestra querida raza. No podemos olvidar ni debemos ser superficiales al respecto. La tipicidad funcional, la verdadera razón de ser del Mastín debe ser una prioridad por encima de otras muchas, debe ser una constante en la cría. La belleza natural, esa gran rusticidad, esa "IMPRONTA" que la raza nos transmite, reside básicamente en su ancestral funcionalidad. Cualquier moda "afuncional" y meramente decorativa que se pretende imponer debe ser severamente criticada y eliminada de cualquier plan de cría, pues sólo nos llevaría a una peligrosa desviación atípica de la raza.

     El Mastín lo queramos ver o no, aunque enormemente bello, posiblemente el más bello y majetuoso can sobre la Tierra, es mucho más que eso. Es el depurado, milenario y rústico producto de una ecología hispánica singular, única en el mundo, que ha actuado sobre él durante siglos. El Mastín Español es una auténtica creación natural, posiblemente la creación natural que, trabajada y seleccionada por el hombre prehistórico en los árboles de la historia, más incidencia ha tenido en nuestras vidas.

     No podemos ni debemos olvidar esto: El Mastín, nuestro quierido y admirado gran perro ganadero de guarda, desprendido de su tipicidad funcional no tendría razón de ser, por encima de cualquier otra consideración de toda índole.

 

FRANCISCO DÍAZ CUEVA

     Mastinero y Criador de Mastines Españoles

Categoría: Razas Caninas Puras

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