UN PERRO CON PATA DE PALO Y UN TECKEL DE LA REINA VICTORIA EUGENIA

© Eduardo de Benito

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Álvaro Cunqueiro (1911-1981), escritor de heterodoxias y rarezas, dotado de una prodigiosa fantasía, publicó un cuento breve con el título “Pata de Palo”, inmersión en el fetichismo ortopédico aplicado a un perro, un Dachshund llegado a un pueblo de Galicia desde París, ciudad de la luz. Actor secundario del cuento es “Zarcero”, el Dachshund que la reina Victoria Eugenia de Battenberg (Ena), esposa de S.M. Alfonso XIII, presentó en la Exposición Internacional Canina que organizó el conde de Lérida en los jardines del Retiro madrileño en 1914. Leamos primero el cuento y luego conoceremos la historia de sus protagonistas

PATA DE PALO (Cuento)

© Alvaro Cunquiero

Un vecino mío, conocido por Pardo de Viabre, trabajó en París varios años en un sanatorio para perros, y cuando regresó a Galicia se trajo uno, al que iban a sacrificar, porque su dueña, una condesa que uno se imagina proustiana, había dejado de pagar las estancias. Era un perro que, a consecuencia de un accidente automovilista, tenía un ojo de cristal y en la inútil pierna derecha le sujetaban otra de palo. Pardo consiguió del director que le regalasen el perro, que se llamaba Prince Top. Era un gran perezoso, amigo de tumbarse al sol. Tenía pata para campo, con regatón de hierro, y pata para casa, rematada en taco de goma, para caminar silencioso por los pasillos. El ojo era una preciosidad, con una bella combinación de luces. Todas las noches Pardo le quitaba el ojo al perro, lo lavaba en infusión de manzanilla y lo guardaba en un estuche. El perro era más bien feo, cruzado de la raza chilana de Madagascar con basset-grifon, por un tío del marqués Boni de Castellane y, por esta rama basset-grifon, primo del famoso basset Zarcero, de S.M. la reina Victoria Eugenia de España. Un perro que muchos estimaban horroroso y del que un clérigo dijo en “La Hormiga de Oro” que su presencia «en la Corte de Madrid era una ofensa para las perras españolas».

Yo he visto a aquel aristócrata Prince Top, con toda su ascendencia de chilanos, bassets, bichones malteses y caniches, tumbado en la solana de la Casa Grande de Viabre, en una arpillera, roe que roerás un hueso de lacón. Y acercándose las moscas de junio, Pince Top dejaba el hueso, cogía la pata de palo con los dientes, se ponía panza arriba, y haciéndola girar espantaba a las ronroneantes amigas del verano. Las perras de la comarca se dejaban querer por el aristócrata canino francés, al que nunca se le borró de la piel el perfume de la condesa, su antigua dueña. Murió de pulmonía doble, negándose a tomar Febrifugol. Dejó descendencia en Viabre, unos perros que ya nacieron cansados.

Dejemos la ficción y regresemos a la realidad histórica que rodea la génesis del cuento de Cunqueiro.

LA HISTORIA DE SEPPEL (ALIAS “ZARCERO”)

Ena de Battenberg adoraba los perros y en especial los Dachshund, afición heredada de su abuela la reina Victoria de Inglaterra. Uno de sus perros favoritos fue “Seppel”, que presentó en las exposiciones de la RSCE los años 1913 y 1914. Incluso crío varias camadas. En la Exposición Internacional Canina de 1914, María Luisa de Silva, duquesa de Talavera y prometida del infante don Fernando, presentó a “Sony”, un joven macho criado por S.M. Victoria Eugenia, hijo de sus perros “Seppel” y “Betle”.

De “Seppel” escribió la prensa: “Es un perro verdaderamente escultural, pues más parece que sus líneas hayan sido trazadas con deliberado cálculo por un artista insigne, de los que aciertan a perfeccionar la naturaleza, no obstante, sus maravillosas obras. La cortedad de las patas delanteras está tan armónicamente proporcionada a los demás elementos de configuración que resulta un ejemplar soberbio”.

Este Dachshund fue presentado en la exposición de 1913 por el caballerizo mayor de palacio, obteniendo premio de la Sociedad de Fomento de las razas caninas, otorgado por Javier de Beránger, vicepresidente de la RSCE. En la Exposición Internacional Canina de Madrid de 1914 lo hizo fuera de concurso. A esta última asistieron SS. AA. RR. el Príncipe de Asturias y la Infanta Beatriz, acompañados por el marqués de Salamanca, que fueron recibidos en la puerta del recinto por los condes de Lérida y del Zenete. El Príncipe recorrió las instalaciones, deteniéndose en las jaulas donde se exhibían el Bulldog francés “Pierrot Jung von Kaltenstein” y el Dachshund, “Seppel”, propiedad de sus padres. Allí se entretuvieron acariciando a los perros y llamándoles por su apelativo familiar. Del Bulldog francés de Alfonso XIII, “Pierrot”, dijo la prensa que era “merecedor de los mejores elogios de los inteligentes por su hermosa cabeza y la exquisita corrección de líneas, reveladoras de lo puro de su canina estirpe”.

La prensa en general se volcó en alabanzas sobre la calidad del Dachshund de Victoria Eugenia de Battenberg, pero hubo un periódico que no fue tan elogioso con la mascota de la reina, y no fue precisamente antimonárquico o de tendencias socialistas, sino católico conservador, “La hormiga de oro”. Este diario católico ilustrado, de gran calidad intelectual, era de ideología carlista, fundado por el periodista y político catalán Lluís María de Llauder. “La hormiga de oro” no dudó en afirmar que el perro paticorto de una reina extranjera, de religión protestante, aunque había abrazado el catolicismo para su matrimonio, “era una ofensa para las perras española

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